Juan de Mata

ÉGLOGA MÍNIMA

II

Del porche la morera de aquel pueblo.

El árbol de Guernica macilento.

El místico ciprés, aquel pináculo silense y dominico.

El bosque de Ibarrola y el pino solitario

que en Formentor musita su misa,

ensimismado. Y el árbol de ese Cooper encielado

pendido del cordal

que pendulea la butaca del patio y la platea

de un niño en gallinero y sin ahorcado.

El olmo viejo, torreta Carbonero,

muñón reverdecido del himno machadiano.

Erguido sobre lavas y folías, el drago milenario.

Y los álamos. Los álamos alados, sucumbidos

a bocados del hacha y la barbarie.

mis álamos amados, cuajarones de sangre

en las cunetas, vilmente derribados.

(…)

(Del libro “Variaciones, rondós y bagatelas para una sonata de otoño”)

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