Manuel Moya

Que al fin de este camino haya montañas verdes

y chopos que alcen sus ramas hacia el cielo,

que brille la hierba en la ladera

y que un perro vagabundo te acompañe.

Que ambos escuchéis el mudo palpitar de las cosas

que os importan, que alguien cante para sí

mientras hunde una vez más su azada en la tierra,

y que el fin de este camino solo sea

el fin de este camino, sus montañas verdes.

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