María Alcantarilla

BIENAVENTURADO

Bienaventurado quien no termina de descubrirse nunca y, sin embargo, prosigue su camino con la certeza de hallarse al descubierto; bienaventurado quien llora ante el decir de un niño y lo acaricia de la misma manera en que un árbol siente su corteza y sus raíces;

bienaventurado quien se sabe solo estando en compañía porque será él quien nunca se sienta abandonado;

bienaventurado todo aquel que se desdice porque entiende que crecer es la mudanza eterna;

bienaventurados los parcos en palabras, aquellas otros que no terminan de callar nunca, porque no han dejado de buscar y de perderse;

bienaventurado quien ríe y ha hecho de la risa el movimiento, la costumbre;

bienaventurados los que sueñan, los que buscan en la noche la razón primera del día y sus principios;

bienaventurado quien teme, quien siente miedo y dice tener miedo

pero halla, en mitad de cualquier lado, el abrazo oportuno de otro

hombre;

bienaventurado quien ama y por amor se aflige porque será en él donde el amor se expanda;

bienaventurado quien celebra la vida en la mañana al mismo compás en que el cielo acude;

bienaventurado el huérfano de voz y de familia porque será en la tierra donde halle su alimento y sepa verse;

bienaventurado quien afirma volar y vuela, quien sabe despegarse, como el ave, de su nido porque será él quien guíe a las bandadas;

bienaventurado el ignorante, el libertino, porque será a sí a quien acuda la verdad como una hebra;

bienaventurado quien sufre, quien en el sufrimiento encuentra,

quien se sabe vivo y además conoce los límites profundos de su vida y la amamanta;

bienaventurado el hombre en la mujer y viceversa, la consciencia del a dos, pero indiviso;

bienaventurado aquel que, sin ventura, ha sabido entender la esencia noble del desastre;

bienaventurado quien, en el último hálito de mundo, se mira en el espejo y da las gracias;

bienaventurado el mundo aquel, sus habitantes, porque será en el mundo, pie con pie, donde choquen con su dios y le sonrían.

ficha de la autora